Brecha digital y conectividad: un camino hacia el desarrollo

Para la mayoría de quienes leemos esto, internet es invisible. Es parte de nuestro entorno cotidiano. Consultamos precios, enviamos mensajes, asistimos a clases, presentamos la declaración de la renta, transferimos dinero a familiares, todo sin pensarlo. Olvidamos que para 2200 millones de personas, nada de esto es posible.
La cuestión no es si existe la brecha digital. Eso ya se sabe. La cuestión es cuánto cuesta realmente esa brecha, quién la paga y qué beneficios traería su cierre.

El costo de la desconexión

Según el informe «Datos y cifras 2025» de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, se estima que seis mil millones de personas estarán conectadas a internet en 2025. Esto deja a 2200 millones sin conexión. Casi tres de cada diez personas en el planeta. Las cifras que respaldan esta cifra revelan la realidad.

África alcanzará una penetración de internet del 35 % en 2025, frente al 24 % en 2019, pero seguirá siendo la región menos conectada del mundo. América habrá llegado al 88 %. Asia-Pacífico se sitúa en el 77 %. En los países menos adelantados, solo el 34 % de la población tiene acceso a internet. En los países en desarrollo sin litoral, la cifra asciende al 38 %. Los países de altos ingresos superan el 94 %. Los países de bajos ingresos se mantienen en torno al 23 %.

La brecha no es solo regional. Tiene diferencias de género, rurales y económicas. Las mujeres tienen menos probabilidades de estar conectadas que los hombres. Las comunidades rurales se quedan atrás con respecto a las urbanas en casi todos los países. Los datos de la UIT muestran que la penetración urbana mundial ronda el 86 %, mientras que en las comunidades rurales se sitúa cerca del 54 %. Los ingresos son el factor que mejor predice si una persona está conectada.

Cuando una persona está desconectada, queda excluida de la economía moderna. No puede postularse a empleos que solo existen en plataformas digitales. No puede acceder a los servicios gubernamentales que ahora se ofrecen en línea. No puede terminar una carrera, transferir dinero, consultar a un médico a distancia ni vender un producto fuera de su pueblo. El costo de la desconexión se acumula cada año y recae con mayor fuerza sobre quienes menos pueden permitírselo.

Por qué la conectividad impulsa el desarrollo

La conectividad no es un lujo añadido al desarrollo. Es la infraestructura que hace posible el desarrollo moderno.

Un agricultor conectado puede consultar los precios del mercado y dejar de vender con pérdidas. Un estudiante conectado puede estudiar desde una aldea remota. Una madre conectada puede atender una consulta de telemedicina en lugar de caminar seis horas hasta una clínica. Un emprendedor conectado puede vender a clientes en otro país. Una comunidad conectada puede solicitar subvenciones, organizarse y defender sus intereses.

Cada persona conectada se convierte en un agente económico. Genera ingresos, contribuye a las economías locales, desarrolla habilidades y brinda oportunidades a sus hijos. El efecto multiplicador es real. Investigaciones del Banco Mundial y la UIT han demostrado durante años que la penetración de la banda ancha se correlaciona con el crecimiento del PIB, especialmente en países de ingresos bajos y medios.

Por eso la conectividad es fundamental para reducir la desigualdad. Es una de las pocas intervenciones que aborda simultáneamente las brechas económicas, de habilidades y de género. Conectar a una mujer le brinda acceso a la educación, los servicios bancarios, la telemedicina y los mercados en un solo paso. Los beneficios no son teóricos; se pueden medir en términos de ingresos familiares, finalización de estudios y salud.

Barreras entre regiones

Las razones por las que la gente se mantiene desconectada son las mismas en todo el mundo.

  1. La infraestructura es fundamental. En zonas remotas y rurales, los proveedores tradicionales no invierten porque la rentabilidad es demasiado baja. Las torres son caras. La fibra óptica es cara. El mantenimiento en terrenos difíciles es caro. Los números no cuadran para los operadores comerciales, por lo que las comunidades quedan excluidas.

  2. La asequibilidad es el segundo factor. Incluso cuando existen redes, los datos móviles y los dispositivos siguen estando fuera del alcance de los hogares de bajos ingresos. Datos de la UIT muestran que la banda ancha móvil sigue siendo inaccesible en el 60 % de los países de ingresos bajos y medios.

  3. Las habilidades son el tercer pilar. Conectar una comunidad no es lo mismo que garantizar que las personas puedan usar internet de forma útil. La alfabetización digital, el contenido en el idioma local y la confianza en los servicios en línea son factores importantes.

La geografía lo complica todo. África, los países menos desarrollados y las naciones sin litoral se enfrentan a las mayores dificultades porque combinan los tres problemas a la vez.

El enfoque de Unconnected

Unconnected existe porque el modelo tradicional deja atrás a miles de millones de personas. Como organización benéfica del Reino Unido que opera en más de 18 países, trabajamos como canal de distribución global de soluciones de conectividad, incluyendo infraestructura satelital como Starlink Priority, diseñada para lugares donde las redes convencionales no son viables.

No sustituimos a los proveedores locales, sino que los complementamos. Colaboramos con gobiernos, ONG, fundaciones, escuelas, instituciones sanitarias e integradores que ya conocen sus comunidades. Nosotros aportamos la conectividad; ellos, la confianza, el contexto y la solución integral.

Unconnected ha brindado conectividad a más de 40 millones de personas en tres continentes. Cada una de esas conexiones representa a una persona, un hogar, una escuela o una clínica que se incorpora a la economía moderna.

El camino a seguir

La conectividad universal no es opcional. Es la base de todos los demás objetivos de desarrollo: educación, salud, inclusión financiera, equidad de género, resiliencia climática y crecimiento económico.

Para cerrar esta brecha se necesitan tres cosas: infraestructura que funcione en lugares donde los proveedores tradicionales no llegan; alianzas que combinen la capacidad global con el conocimiento local; y la negativa a aceptar que sea aceptable que 2200 millones de personas se encuentren en desventaja.

La próxima década estará marcada por quién se conecta y quién se queda atrás. El trabajo es urgente y ya existen pruebas de su eficacia.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la brecha digital?

La brecha digital es la diferencia entre las personas que tienen acceso efectivo a internet y las que no. Se mide en función de la infraestructura, la asequibilidad, las habilidades y la calidad del servicio. En 2025, 2200 millones de personas seguirán sin conexión a internet en todo el mundo, concentradas en África, los países menos desarrollados, las zonas rurales y los hogares de bajos ingresos.

¿Realmente el acceso a internet impulsa el desarrollo económico?

Sí. Décadas de investigación del Banco Mundial, la UIT e instituciones académicas demuestran que la penetración de la banda ancha se correlaciona con el crecimiento del PIB, especialmente en países de ingresos bajos y medios. La conectividad facilita el acceso a los mercados, la educación, los servicios financieros, la atención médica y los servicios gubernamentales, lo que, con el tiempo, se traduce en beneficios tangibles para los hogares y las comunidades.

¿Por qué los proveedores comerciales no solucionan esto?

Los proveedores tradicionales operan con base en la rentabilidad comercial. En zonas rurales de baja densidad, comunidades de bajos ingresos y geografías de difícil acceso, el costo de construir y mantener la infraestructura supera los ingresos que genera. El resultado es una deficiencia estructural en el servicio. Para solucionar esta brecha se requieren modelos que combinen infraestructura comercial con canales de distribución social, financiamiento público y alianzas comunitarias.

¿Qué papel juega la conectividad por satélite en todo esto?

La conectividad satelital, incluidos los sistemas de órbita baja, puede brindar internet de alta velocidad a zonas remotas donde las redes de fibra óptica y móviles no son viables. No reemplaza la infraestructura terrestre donde esta existe, sino que es una forma de llegar a las comunidades que han quedado excluidas del despliegue estándar durante décadas.

¿Quiénes deberían colaborar para cerrar la brecha?

Gobiernos, ONG, fundaciones, escuelas, instituciones sanitarias, explotaciones agrícolas, integradores y proveedores de servicios de internet que se expanden a zonas desatendidas desempeñan un papel fundamental. Las alianzas más eficaces combinan la capacidad de infraestructura global con la confianza, el conocimiento y la ejecución local. Unconnected colabora con todos estos actores en más de 18 países.

La conectividad es una de las herramientas más poderosas que tenemos para reducir las desigualdades globales. Si trabajas en desarrollo, gobierno o impacto social y quieres llevar la conectividad a las comunidades a las que sirves, visita unconnected.org para iniciar la conversación.

Fuentes

Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), Datos y cifras 2025, publicado el 17 de noviembre de 2025. Enlace: https://www.itu.int/en/mediacentre/Pages/PR-2025-11-17-Facts-and-Figures.aspx

Internet Society, "Impulsando el acceso universal y significativo", diciembre de 2025. Enlace: https://www.internetsociety.org/blog/2025/12/moving-the-needle-on-universal-and-meaningful-access/

DataReportal, Informe Digital 2026; Indicadores de TIC de la UIT, octubre de 2025.

Banco Mundial, cartera de investigación sobre desarrollo digital.

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